Esta receta resalta el tamaño y la carnosidad de las gírgolas frescas, convirtiéndolas en el plato principal de cualquier mesa.
500g de gírgolas frescas (buscá las de tamaño mediano a grande).
2 huevos (o el sustituto vegano que te enseño abajo).
Pan rallado (podés mezclarlo con panko para más crocancia).
Harina (cantidad necesaria para el primer paso).
Condimentos: Ajo picado, perejil fresco, sal, pimienta negra y una pizca de mostaza.
Limpieza y selección: Limpiá las gírgolas con un paño húmedo (nunca bajo el chorro de agua, porque absorben humedad). Si el pie es muy duro, podés recortarlo un poco, pero lo ideal es usar el hongo entero para que parezca un bife de carne.
El "primer abrigo": Pasá cada gírgola por harina. Este paso es fundamental para que el huevo se pegue bien y el rebozado no se desprenda al cocinar.
El ligue: Batí los huevos con el ajo, el perejil, la sal, la pimienta y la mostaza. Sumergí las gírgolas enharinadas en esta mezcla.
El rebozado: Pasalas por el pan rallado (o panko), presionando bien con las manos para que quede una capa firme y uniforme.
Cocción:
Fritas: En aceite bien caliente hasta que estén doradas de ambos lados (se cocinan muy rápido, unos 2 minutos por lado).
Al Horno: Placa aceitada, horno fuerte, 5 minutos de cada lado para que no se sequen por dentro.
Para que nadie se quede afuera podés usar este reemplazo para el huevo:
Mezcla de harina de garbanzos y agua: Lográ una consistencia similar al huevo batido (ni muy líquida ni muy espesa). Condimentá igual que la receta tradicional. El resultado es igual de dorado y crujiente.
Son ideales para milanesas ya que poseen una textura carnosa, suave y un sabor delicioso, son ricas en proteínas, vitaminas y minerales a la vez que son bajas en grasas. Al ser tan simples de cocinar podés tener un plato gourmet en minutos, sin necesidad de gastar mucho dinero ni conseguir elementos exóticos. Disfruta el umami de tus girgolas y despúes contanos como te fue en las reseñas.